domingo, 1 de noviembre de 2015

El Microrrelato


   Los microrrelatos son trampas; son cazadores de escritores engañados de sí mismos quienes consideran que poco escribir es más sencillo que escribir mucho. Pero los microrrelatos (los buenos microrrelatos) son la prueba de fuego ante la que muchos sucumben. Es cómo construir una escalera con un par de cerillos o dibujar a las estrellas con el burdo chispazo del golpeado pedernal. Pero algunos lo logran, y con ese par de cerillos elevan una escalera al cielo y con las chispas arrancadas de la piedra no sólo dibujan a las estrellas, sino que se dan el lujo de delinear al Olimpo con todas sus deidades, virtudes y pecados. Borges, García Márquez o el maestro Monterroso fueron de esos maravillosos nigromantes que elevaron un puñado de palabras hasta el nivel de genialidad. Por ello, no pienses que un microrrelato es cosa de momento, de palabras al azar o de ideas tan vagas que ni siquiera son conscientes de su propia existencia. Cada microrrelato está hecho de la misma esencia que un “Crimen y Castigo”, que un “Pájaro Espino” o que un “Amor en los Tiempos del Cólera”. Los microrrelatos son diamantes de literatura que deben ser tallado con el celoso amor del orfebre.
   Después de todos, los dioses de la literatura te observan

LAGP / 30-09-2015