lunes, 5 de junio de 2017

7 tips sobre cómo crear un antagonista perfecto.


   Cuando comencé a escribir mi novela decidí aprender cómo crear un antagonista para no recurrir a un diseño clásico, ese malo, malo contra quien el protagonista (bueno, bueno) se enfrenta. Ahora les explico como lo logré.


   En esta ocasión el enfrentamiento era contra una entidad sin sentimiento a quien los valores humanos bien poco que le valía. Un problema con este tipo de antagonista es que no genera los roces imprescindibles para explotar un conflicto emocional de interés. ¿Cómo lo solucioné? Generé varios pequeños antagonistas a lo largo del relato que permitiera construir una confrontación con nuestro héroe mientras que la amenaza real se encargaba de llevar la historia hacia un clímax de… 

   Bueno, eso ya es otra historia.

   Para aprender cómo crear un antagonista es importante comprender que no es necesario que antagonista sea lo mismo que enemigo. Un ejemplo interesante es el de la película Point Break dónde incluso se establece una amistad entre sus personajes antagónicos, cada uno en la acera del frente en cuanto a la legalidad, pero sin esa larga relación de confrontaciones como la desarrollada entre el comisario Claude Lebel, un sensato policía francés y un misterioso asesino al cual sólo se le conoce como “El Chacal”, en la excelente novela del mismo nombre escrita por el exitoso autor inglés Frederick Forsyth. ¿Por qué es importante comprender esto? Porque te permitirá tirar a la basura conceptos pre-establecidos de antagonistas acartonados que bien podrían mandar al desagüe esa obra que tienes en mente. 

   Sí quieres saber cómo crear un antagonista, es conveniente que este tenga ciertas características (no es necesario que las tenga todas) para que cuentes con alguna referencia a la hora de iniciar la construcción de este tipo de personajes.

   1.- El antagonista es un personaje, no un adorno: 

Es decir, debes darle un tratamiento tan denso como el del personaje mismo sobre todo cuando la historia se trata de una tensa danza a lo largo de las páginas. Si quieres a un antagonista (no me gusta llamarlo “villano”) a la altura de tu héroe, tómate el tiempo de darle la misma consistencia para el que choque sea fenomenal.

   2.- Debe tener motivos para sus acciones: 

No creo que el antagonista esté en esa posición sólo por gusto. Algo debió suceder para que asumiera el camino del mal, de la venganza o de lo que fuera. Quizás era el bueno a quien la vida convirtió en malo, quizás una herencia maldita, quizás está loco y tiene alucinaciones, etc. El motivo que le des al antagonista para hacer lo que hace será el piso en el cual podrás construir toda su estructura emocional.


   3.- ¿Tiene límites o está dispuesto a todo?: 

Puede tratarse de un personaje sin límite (cómo ese que desea destruir al planeta como si tuviera un mundo de reserva al cual mudarse después del apocalipsis), o puede tratarse de uno que tenga principios morales, que llegue a arrepentirse de seguir adelante, o que siga adelante con más ahínco cuando peor sean las consecuencias. Sea cual sea los límites de este sujeto deben estar definidos siendo la única incógnita aceptable la certeza de la decisión final. ¿Quieres inspiración? Busca información de criminales reales. Siempre acaban sorprendiendo.

   4.- ¿Es consciente de sus actos?: 

Un psicópata que mata sin remordimiento puede ser interesante si su personalidad lo es hipnótica como en el caso del Hannibal Lecter de El Silencio de los Inocentes de Thomas Harris. Pero también puede tratarse de alguien cuyas acciones lo sumerjan en su infierno muy particular, como Rodion Romanovich Raskolnikov, el torturado personaje de Crimen y Castigo del gran autor ruso Fiódor Dostoievski. La conciencia, el remordimiento, la vergüenza, etc., son elementos que puedan dar al antagonista una inolvidable dimensión.

   5.- Otórgale una complicada moralidad: 

Tu antagonista puede ser un hombre torturado de desea la venganza pura pero también puede ser un individuo con una confusa y enfermiza concepción de lo que es o no correcto, como en el caso de El Fantasma de la Ópera de Gastón Leroux. Incluso puede tratarse de alguien tan dedicado al concepto moral de las leyes que es capaz de una actitud que raya en la crueldad, como en el caso del Inspector Javert de Los Miserables de Víctor Hugo.

   6.- Dale una debilidad: 

En el momento de decidir cómo crear un antagonista, debes tener en claro algo que él no pueda hacer. Quizás sea incapaz de atentar contra monumentos; quizás llora cuando ve a un animal herido. Tal vez pueda envenenar a millones, pero le es imposible profanar una iglesia. Este tipo de debilidades acrecientan aún más su lado negativo y puede hacer que en determinados momentos nos parezcan hasta decentes, poco antes de convencernos de lo reprochable de sus actos.

   7.- Decide cuanto lo vas a alejar del resto de los mortales: 

Puede decirse que los antagonistas son como los medicamentos: su construcción dependerá de lo que tu obra requiera. No cometas el error de crear un personaje tan malo que no calce con la historia o uno tan frágil que se pierdan en los eventos. Debes mantener un delicado equilibro entre los antagonistas de tus historias. 

   Como habrás visto, definir cómo crear un antagonista tiene su ciencia, por no decir su gracia. Incluso puedes tener más licencia con este que con tu héroe. Así que recuerda: el antagonista no es una figura en el paisaje, sino el engranaje fundamental para poner a rodar el conflicto que le dará vida a tu obra.

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